Los Galácticos de Arquitectura

Wing izquierdo con mucho amague. Gambeteador, dribleador y veloz. Explosivo. No lo podían agarrar. Era chiquito y rápido. Lo cagaban a patadas. El Enano Anderson nunca se quejaba. Fue un muy buen jugador.

 La Facultad de Arquitectura era conocida en el ambiente universitario porque tenía armado un torneo de fútbol, entre sus alumnos, que era competitivo y estaba bien organizado. Hacía algunos años que se realizaba y en cada nueva temporada mejoraba. De a poco, se abría para que participen equipos pertenecientes a otras facultades. La mezcla mejoró aún más la competición. Paralelamente, se desarrollaba un certamen interno donde solamente jugaban alumnos de Arquitectura. Servía para practicar y moldear el equipo. Existía, también, una competencia corta, “La Libertadores”. Era un torneo en el cual intervenían equipos formados por alumnos extranjeros, que se armaban para ese evento exclusivamente. La mayoría eran peruanos y bolivianos que venían a estudiar a Rosario en la década de 1970. El equipo de los peruanos tenia buen pie.

 


En el inicio del año 2000, se denominó al Real Madrid con el nombre de “Los Galácticos” por las estrellas que tenía en el plantel. Pero, los primeros y verdaderos galácticos, según señalan algunos memoriosos, fueron los integrantes del conjunto “Estrellas de la Galaxia” de la Facultad de Arquitectura, de la Universidad Nacional de Rosario, que en 1974 arrasaba en cada encuentro que disputaba.

 

Su fama crecía como sus logros. La gente los seguía. Algo inusual hasta ese momento. “Los Galácticos” eran conocidos por su condición de rebeldes. Eran impredecibles. Sobresalían del resto. Organizaban las mejores fiestas, los mejores viajes y las mejores bromas. Tenían un imán que atraía a la gente. Eran el centro de la Facultad. Estudiaban y, encima, jugaban my bien al fútbol. Eran tan populares que el equipo tenía hasta un médico, de dudosa formación.

 

Las Estrellas de la Galaxias eran lideradas por un recio número 8. Se llamaba Alfredo, para todo el mundo era Soplete. Manejaba el vestuario. Tenía una exquisita pegada, claridad en las asistencias, y un ir y venir constante que levantaba al equipo. Además de su técnica, era áspero cuando había que ayudar en el mediocampo. Soplete estaba en todos lados. Dentro y fuera de la cancha. Su alter ego era el Gordo Ritom. Nunca se supo cuál era su puesto. Siempre jugó de suplente. Tenía en la espalda el 245. No se sabía si era el número de la camiseta o la línea de colectivos que te llevaba hasta la Facultad, ubicada en la Siberia. Soplete y el Ritom eran uno. Una dupla perfecta. Funcionaban así, dentro y fuera del campo de juego. Una dupla temible.

El Gordo Ritom era el cerebro. Un motivador nato. Estaba en los detalles y era el pensador del “Mal”. Soplete era un ejecutor implacable. El resto del equipo lo componían un grupo de salvajes que jugaban bien al fútbol. La dirección técnica estaba a cargo de un personaje que bailaba en Música en Libertad. Un programa de televisión que producía y emitía Canal 5. Era la transmisión de moda para los adolescentes. Se pasaba la música más novedosa, acompañada por un grupo de jóvenes que hacían mímica y bailaban siguiendo el ritmo. De fondo había una escenografía formada por las fotos de los verdaderos cantantes y autores de las melodías que aparecían borrosas. Bien bizarro como “Los Galácticos de Arquitectura”.

 

Todo coincidía para que sea el equipo de fútbol a vencer. Se mezclaba el juego con la envidia que generaba el accionar de ese grupo dentro del ámbito académico. Había estudiantes que directamente les tenían bronca. El alumnado femenino apoyaba y seguía a Los Galácticos. Necesitaban un refuerzo. Les faltaba gol. Hacían todo bien, pero les costaba convertir. De entrada, no dieron nada por él. Ya lo venían siguiendo en la Facultad. Su forma de ser, la manera de vestir, su contextura física. Lo tenían en el radar. Les habían llegado comentarios a Soplete y al Gordo Ritom que el chiquito era un wing izquierdo apocalíptico. Pero dudaban. El Enano Anderson ya formaba parte del grupo de la Facultad. Estaba integrado. Pero, como decía Soplete, una cosa es la joda, otra el fútbol.

 

Lo fueron a ver un domingo. Jugaba en otro equipo de Arquitectura. Ese día, el Enano deslumbró con su juego. Imparable. El sabía que lo estaban observando.

 

A partir de ese día, Soplete y el Ritom comenzaron un trabajo fino, de inteligencia, para lograr el pase del Enano Anderson a Las Estrellas de la Galaxia. Sabían que no iba a ser fácil. El equipo del Enano estaba formado por sus compañeros de comisión, con los que inició los estudios desde el comienzo de la carrera.

 

Dentro de sus fans, Los Galácticos contaban con la rama femenina. Sus principales seguidoras. Eran bravas. Puteadoras como pocas. Brillantes alumnas de Arquitectura. Pero, terribles provocadoras, apretadoras, peleadoras y gritonas. En los partidos, se hacían sentir. Respondían a Ritom. El sostenía que Las Galácticas eran el brazo armado del equipo.

 

Junto a Soplete, ideó un plan. En cada fiesta de la facultad, o en el bar, donde se reunían los alumnos al final de clase, una de las integrantes de Las Galácticas debía acercarse al Enano, en tono seductor y sacarle información. De la tarea participaban todas. Se iban rotando, de acuerdo a las repuestas del Enano.

 

Después de unos días, esa fina inteligencia dio resultado. Supieron que el Enano Anderson quería jugar en Las Estrellas de la Galaxia. Era el equipo más divertido. El ya se juntaba con ellos. Hacía poco tiempo que se conocían. De todas maneras, él aunque sea de vista, sabía muy bien quienes eran.

 

 

Además de Soplete y el Ritom, estaba el Francés -El que no se murió-. No sabía jugar al fútbol. El único deporte que había practicado era rugby, como wing. Corría hacia delante. Y hablaba. Su función era hablar y molestar a los rivales. Provocaba todo el tiempo. Antes de cada encuentro estudiaba a los contrincantes y buscaba información de ellos. Este trabajo lo llevaban a cabo Las Galácticas. Todos caían bajo los encantos de las chicas. Obtenían información que el Francés usaba para molestar y desconcentrar a los rivales.

 

Puso nervioso a muchos. Uno, hasta lloró. Nadie quería enfrentarlo. Era insoportable.

 

El torneo ya estaba en juego. No se podían pasar los jugadores de un equipo a otro. Pero, Soplete y el Ritom ya tenían todo armado. Habían apalabrado a los que decidían. La cita se llevó a cabo un sábado a las 16.00 en un bar ubicado en la esquina de Avenida Córdoba y Provincias Unidas. Además de Soplete y el Gordo Ritom, estuvo presente el Francés y, obviamente, el Enano Anderson. En esa reunión se definía el futuro de Los Galácticos y el futuro del Enano. Bastó un familiar de jamón y queso, acompañado de una Coca. Con un simple sándwich se selló el pase del Enano a Los Galácticos. No discutieron nada. Las dos partes querían lo mismo.

 

El Enano también había hecho inteligencia y sabía que lo querían. Enseguida dijo que aceptaba. Deseaba jugar con ellos y pasarla bien. Divertirse.

 

El pase en medio del torneo levantó polvareda. Fue cuestionado y declarado poco ético. Los ex compañeros del Enano lo querían matar. Pese al descrédito y el repudio moral de todos, siguieron avanzando en el torneo. Ya no eran un grupo de salvajes conocidos por su rudeza. Ahora Los Galácticos tenían al Enano Anderson en sus filas. Lograron un notable segundo puesto que fue festejado como si fuese el primero. Para la Libertadores cambiaron las camisetas y se pusieron el nombre de Galaxis Stars. Ganaron todos los partidos. Hasta hoy es el único equipo que terminó el torneo invicto.

 

Las Estrellas de la Galaxia ahora tenían gol. Se lo debían a un familiar de cocido y queso.

Algo para contar
Los Galácticos de Arquitectura

Wing izquierdo con mucho amague. Gambeteador, dribleador y veloz. Explosivo. No lo podían agarrar. Era chiquito y rápido. Lo cagaban a patadas. El Enano Anderson nunca se quejaba. Fue un muy buen jugador.

 La Facultad de Arquitectura era conocida en el ambiente universitario porque tenía armado un torneo de fútbol, entre sus alumnos, que era competitivo y estaba bien organizado. Hacía algunos años que se realizaba y en cada nueva temporada mejoraba. De a poco, se abría para que participen equipos pertenecientes a otras facultades. La mezcla mejoró aún más la competición. Paralelamente, se desarrollaba un certamen interno donde solamente jugaban alumnos de Arquitectura. Servía para practicar y moldear el equipo. Existía, también, una competencia corta, “La Libertadores”. Era un torneo en el cual intervenían equipos formados por alumnos extranjeros, que se armaban para ese evento exclusivamente. La mayoría eran peruanos y bolivianos que venían a estudiar a Rosario en la década de 1970. El equipo de los peruanos tenia buen pie.

 


En el inicio del año 2000, se denominó al Real Madrid con el nombre de “Los Galácticos” por las estrellas que tenía en el plantel. Pero, los primeros y verdaderos galácticos, según señalan algunos memoriosos, fueron los integrantes del conjunto “Estrellas de la Galaxia” de la Facultad de Arquitectura, de la Universidad Nacional de Rosario, que en 1974 arrasaba en cada encuentro que disputaba.

 

Su fama crecía como sus logros. La gente los seguía. Algo inusual hasta ese momento. “Los Galácticos” eran conocidos por su condición de rebeldes. Eran impredecibles. Sobresalían del resto. Organizaban las mejores fiestas, los mejores viajes y las mejores bromas. Tenían un imán que atraía a la gente. Eran el centro de la Facultad. Estudiaban y, encima, jugaban my bien al fútbol. Eran tan populares que el equipo tenía hasta un médico, de dudosa formación.

 

Las Estrellas de la Galaxias eran lideradas por un recio número 8. Se llamaba Alfredo, para todo el mundo era Soplete. Manejaba el vestuario. Tenía una exquisita pegada, claridad en las asistencias, y un ir y venir constante que levantaba al equipo. Además de su técnica, era áspero cuando había que ayudar en el mediocampo. Soplete estaba en todos lados. Dentro y fuera de la cancha. Su alter ego era el Gordo Ritom. Nunca se supo cuál era su puesto. Siempre jugó de suplente. Tenía en la espalda el 245. No se sabía si era el número de la camiseta o la línea de colectivos que te llevaba hasta la Facultad, ubicada en la Siberia. Soplete y el Ritom eran uno. Una dupla perfecta. Funcionaban así, dentro y fuera del campo de juego. Una dupla temible.

El Gordo Ritom era el cerebro. Un motivador nato. Estaba en los detalles y era el pensador del “Mal”. Soplete era un ejecutor implacable. El resto del equipo lo componían un grupo de salvajes que jugaban bien al fútbol. La dirección técnica estaba a cargo de un personaje que bailaba en Música en Libertad. Un programa de televisión que producía y emitía Canal 5. Era la transmisión de moda para los adolescentes. Se pasaba la música más novedosa, acompañada por un grupo de jóvenes que hacían mímica y bailaban siguiendo el ritmo. De fondo había una escenografía formada por las fotos de los verdaderos cantantes y autores de las melodías que aparecían borrosas. Bien bizarro como “Los Galácticos de Arquitectura”.

 

Todo coincidía para que sea el equipo de fútbol a vencer. Se mezclaba el juego con la envidia que generaba el accionar de ese grupo dentro del ámbito académico. Había estudiantes que directamente les tenían bronca. El alumnado femenino apoyaba y seguía a Los Galácticos. Necesitaban un refuerzo. Les faltaba gol. Hacían todo bien, pero les costaba convertir. De entrada, no dieron nada por él. Ya lo venían siguiendo en la Facultad. Su forma de ser, la manera de vestir, su contextura física. Lo tenían en el radar. Les habían llegado comentarios a Soplete y al Gordo Ritom que el chiquito era un wing izquierdo apocalíptico. Pero dudaban. El Enano Anderson ya formaba parte del grupo de la Facultad. Estaba integrado. Pero, como decía Soplete, una cosa es la joda, otra el fútbol.

 

Lo fueron a ver un domingo. Jugaba en otro equipo de Arquitectura. Ese día, el Enano deslumbró con su juego. Imparable. El sabía que lo estaban observando.

 

A partir de ese día, Soplete y el Ritom comenzaron un trabajo fino, de inteligencia, para lograr el pase del Enano Anderson a Las Estrellas de la Galaxia. Sabían que no iba a ser fácil. El equipo del Enano estaba formado por sus compañeros de comisión, con los que inició los estudios desde el comienzo de la carrera.

 

Dentro de sus fans, Los Galácticos contaban con la rama femenina. Sus principales seguidoras. Eran bravas. Puteadoras como pocas. Brillantes alumnas de Arquitectura. Pero, terribles provocadoras, apretadoras, peleadoras y gritonas. En los partidos, se hacían sentir. Respondían a Ritom. El sostenía que Las Galácticas eran el brazo armado del equipo.

 

Junto a Soplete, ideó un plan. En cada fiesta de la facultad, o en el bar, donde se reunían los alumnos al final de clase, una de las integrantes de Las Galácticas debía acercarse al Enano, en tono seductor y sacarle información. De la tarea participaban todas. Se iban rotando, de acuerdo a las repuestas del Enano.

 

Después de unos días, esa fina inteligencia dio resultado. Supieron que el Enano Anderson quería jugar en Las Estrellas de la Galaxia. Era el equipo más divertido. El ya se juntaba con ellos. Hacía poco tiempo que se conocían. De todas maneras, él aunque sea de vista, sabía muy bien quienes eran.

 

 

Además de Soplete y el Ritom, estaba el Francés -El que no se murió-. No sabía jugar al fútbol. El único deporte que había practicado era rugby, como wing. Corría hacia delante. Y hablaba. Su función era hablar y molestar a los rivales. Provocaba todo el tiempo. Antes de cada encuentro estudiaba a los contrincantes y buscaba información de ellos. Este trabajo lo llevaban a cabo Las Galácticas. Todos caían bajo los encantos de las chicas. Obtenían información que el Francés usaba para molestar y desconcentrar a los rivales.

 

Puso nervioso a muchos. Uno, hasta lloró. Nadie quería enfrentarlo. Era insoportable.

 

El torneo ya estaba en juego. No se podían pasar los jugadores de un equipo a otro. Pero, Soplete y el Ritom ya tenían todo armado. Habían apalabrado a los que decidían. La cita se llevó a cabo un sábado a las 16.00 en un bar ubicado en la esquina de Avenida Córdoba y Provincias Unidas. Además de Soplete y el Gordo Ritom, estuvo presente el Francés y, obviamente, el Enano Anderson. En esa reunión se definía el futuro de Los Galácticos y el futuro del Enano. Bastó un familiar de jamón y queso, acompañado de una Coca. Con un simple sándwich se selló el pase del Enano a Los Galácticos. No discutieron nada. Las dos partes querían lo mismo.

 

El Enano también había hecho inteligencia y sabía que lo querían. Enseguida dijo que aceptaba. Deseaba jugar con ellos y pasarla bien. Divertirse.

 

El pase en medio del torneo levantó polvareda. Fue cuestionado y declarado poco ético. Los ex compañeros del Enano lo querían matar. Pese al descrédito y el repudio moral de todos, siguieron avanzando en el torneo. Ya no eran un grupo de salvajes conocidos por su rudeza. Ahora Los Galácticos tenían al Enano Anderson en sus filas. Lograron un notable segundo puesto que fue festejado como si fuese el primero. Para la Libertadores cambiaron las camisetas y se pusieron el nombre de Galaxis Stars. Ganaron todos los partidos. Hasta hoy es el único equipo que terminó el torneo invicto.

 

Las Estrellas de la Galaxia ahora tenían gol. Se lo debían a un familiar de cocido y queso.

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