El casamiento ficticio

No estaban conformes. Las operaciones “Cartucho” y “Timbre” salieron bien, pero necesitaban más. Esas acciones eran paliativos. El objetivo estaba claro. No había término medio.

 Los “Cinco” iban por todo.
Volátil, Hipólíto y el Pica jugaban al metegol en el kiosco de la “Tía”. Juan y Nicolás llegaron más tarde. Existía preocupación entre ellos. Hasta el momento, las opciones que imaginaban servían para un día, o para una parte de la mañana. No eran actividades que se podían sostener en el tiempo. Comenzaban a impacientarse.
-¿Qué hacés salame? ¡Concentrate! - le dijo enojado Hipólito a Nicolás, su compañero de equipo en el partido de metegol que disputaban contra Volátil y Juan.
- ¡Ya está! ¡Zafamos! – exclamó Nicolás.
Pararon el juego. Los cuatro amigos lo miraron sin entender a qué se refería.
-Lo tenemos a Cococho. Cococho García – dijo Nicolás.
-¿Y?- contestó Volátil.
Cococho García era un eterno repetidor de año. Con la edad que tenía en ese momento debería haber terminado una carrera universitaria. Sin embargo, cursaba el quinto año de la Escuela Secundaria. Cuando le preguntaban cuantos años hacía que estaba en el mismo curso, debía pensarlo porque había perdido la cuenta.
El promedio de edad de los alumnos del último año era de 17 años. Cococho tenía 25. Algo insólito, pero podía suceder.
-¿Qué pasa con Cococho? Es viejo, pero es buen tipo – indicó el Pica.
-Vamos a casarlo- expresó Nicolás. –Es el único con edad creíble para casarse- continuó.
Nadie habló. El silencio fue total. Después de varios segundos, se miraron entre ellos con gestos de aprobación. Asentían con la cabeza, pensativos.
-¿Con quién lo casamos? – preguntó Juan.
- Que se yo. Hay que inventar una novia – remató Nicolás.
La idea les gustó a todos. Ahora, debían establecer la estrategia a seguir.
La boda estaba en marcha. Cococho se casaba.
Con la ironía que lo caracteriza, Hipólito dijo – Che, alguno que le avise a Cococho. No nos olvidemos-
La carcajada se sintió fuerte dentro del kiosco. Estaban felices. No tenían de qué preocuparse. Ya tenían un motivo para reunirse. Un objetivo que cumplir.
Trazaron el plan. Primero debían convencer a Cococho. Luego esparcirían la noticia en la escuela y observarían la reacción.
En el primer timbre, lo apartaron y le explicaron. No entendía nada. Les costó tres días convencerlo. Cococho no se caracterizaba por ser muy despierto. Necesitó que le repitan las cosas varias veces para entender. Finalmente, aceptó.
El siguiente paso fue desparramar la noticia entre los alumnos y luego informar a cada uno de los docentes sobre la novedad.
Cococho siempre fue vago. No le gustaba estudiar, pero era una persona querida. Los profesores recibieron con agrado la noticia y comenzaron a tener ciertos favoritismos hacia él. Se ablandaron un poco. Esto resultó fundamental, ya que Cococho tenía que dejar de asistir a clases para ocuparse de los trámites del casamiento.
Volátil fue el primero que notó el cambio de actitud de los docentes. Estaba todo dado para avanzar con la operación. El plan se puso en marcha. No había vuelta atrás.
Como parte de lo acordado, Cococho explicó a las autoridades que su familia no se encontraba en condiciones de ayudarlo, por lo tanto las únicas personas con las que él contaba, para llevar adelante su boda, eran sus amigos de la escuela. De esta manera, “Los Cinco” pasaron a tener algunos privilegios que les permitían ausentarse, no asistir o retirarse antes de clases.
Crearon una agenda ficticia. Primero fijaron la fecha de casamiento. Luego continuaron con los trámites en el Registro Civil y en la Iglesia; y por último el armado de la fiesta, junto a la planificación de la luna de miel en Santa Rosa de Calamuchita.
Como ninguno se había casado, Volátil le preguntó a un tío suyo cuáles eran los pasos a seguir y de qué manera lo podían ejecutar.
El tío de Volátil contrajo matrimonio en dos oportunidades. Era una voz autorizada.
Debían ser muy cuidadosos y extremar los recaudos. El casamiento de Cococho ocupó la atención de todos los alumnos y directivos del colegio. Incluso del personal no docente. Era la primera vez que un alumno se casaba.
La repercusión que fue tomando la novedad provocó temor en Cococho.
-Todo se está yendo de las manos. Me llaman, se me acercan las maestras, la jefa de portería. Me abrazan, me dan besos. No sé si puedo aguantar esto- les expresó a los amigos en el kiosco de la “Tía”.
-Quédate tranquilo. A partir de mañana, dejas de venir a la escuela. Nosotros te cubrimos y te vamos manteniendo al tanto de todo. Seguimos a fondo con el plan. No hay cambios- señaló Hipólito.
Cococho no tenía opción. Asintió con la cabeza. El proyecto continuaba hasta el final.

Fueron a la imprenta de un amigo del Pica Jiménez. Encargaron las tarjetas del casamiento. A la semana estaban listas. Pagaron y se las llevaron. Las repartieron a todos los docentes del curso y a las porteras.
Cada acción que realizaban era el argumento que necesitaban para no ir a clases. Pero ante algunas reacciones imprevistas que sucedían, tenían que improvisar.
La primera sorpresa fue cuando recibieron regalos para Cococho. Jamás pensaron que esto podía generar tanto revuelo y menos que alguien compre un presente.
Pero el desconcierto mayor ocurrió cuando varias docentes, incluida Juana, la jefa de las porteras, manifestaron la intención de ir al Registro Civil para acompañar a los novios. Quedaron descolocados.
Ese día no se reunieron en lo de la “Tía”, tenían miedo que al estar el kiosco ubicado frente a la escuela, pueda aparecer algún conocido y los viera discutiendo allí. Fueron a otro bar cercano. Reinaba el nerviosismo. Debían evitar que alguien asistiera al Civil. No podían simular esa situación. Era mucho para ellos. Tenían que pensar en un argumento para que nadie vaya.
Cococho comenzó a ponerse nervioso. Hacía tiempo que no iba a la escuela y tenía miedo que lo echen o que no le aprueben las materias. Para “Los Cinco”, Cococho era el menor de los problemas.
Juan, el más dramático y sensible del grupo, elaboró una historia conmovedora de la familia de Cococho, a raíz de un accidente que sufrieron cuando él era niño y de los constantes problemas que tuvieron y aún tienen con la justicia. El trágico evento causó estragos en cada uno de los miembros de la familia que arrastran hasta el día de hoy.


Esta es la aclaración que brindaron, sin entrar en detalles, para explicar el motivo por el cual el casamiento sería íntimo. Solamente asistiría la familia directa del novio y de la novia. Los únicos invitados fuera de este pequeño grupo eran los cinco amigos que se ocuparon de todo.
El relato caló hondo en las docentes. Se sensibilizaron y solidarizaron con Cococho.
El día del casamiento ficticio, Volátil, Hipólito, el Pica, Nicolás y Juan se presentaron en la escuela vestidos con sacos y corbatas de dudosa combinación. Dieron el presente y se fueron al Registro Civil con los augurios y deseos de felicidad de todo el cuerpo docente y el resto de los alumnos, que los despedían gritando ¡Fuerza Cococho! ¡Vammoosss carajo!
Había mucha emoción.
“Los Cinco” continuaron con el objetivo trazado, logrando estirar la mentira hasta casi el fin del ciclo lectivo cuando Cococho regresó de su luna de miel en Santa Rosa de Calamuchita. Faltaban dos semanas para la finalización de clases. Los docentes le aprobaron todas las materias al recién casado. Finalizó la escuela después de muchos años.
El plan salió perfecto. “Los Cinco” lograron su cometido.
Se recibieron. Nunca más se volvieron a ver.
Cada uno siguió su camino.
Cococho dejó de ser un eterno repetidor. Ahora, era un graduado.

Algo para contar
El casamiento ficticio

No estaban conformes. Las operaciones “Cartucho” y “Timbre” salieron bien, pero necesitaban más. Esas acciones eran paliativos. El objetivo estaba claro. No había término medio.

 Los “Cinco” iban por todo.
Volátil, Hipólíto y el Pica jugaban al metegol en el kiosco de la “Tía”. Juan y Nicolás llegaron más tarde. Existía preocupación entre ellos. Hasta el momento, las opciones que imaginaban servían para un día, o para una parte de la mañana. No eran actividades que se podían sostener en el tiempo. Comenzaban a impacientarse.
-¿Qué hacés salame? ¡Concentrate! - le dijo enojado Hipólito a Nicolás, su compañero de equipo en el partido de metegol que disputaban contra Volátil y Juan.
- ¡Ya está! ¡Zafamos! – exclamó Nicolás.
Pararon el juego. Los cuatro amigos lo miraron sin entender a qué se refería.
-Lo tenemos a Cococho. Cococho García – dijo Nicolás.
-¿Y?- contestó Volátil.
Cococho García era un eterno repetidor de año. Con la edad que tenía en ese momento debería haber terminado una carrera universitaria. Sin embargo, cursaba el quinto año de la Escuela Secundaria. Cuando le preguntaban cuantos años hacía que estaba en el mismo curso, debía pensarlo porque había perdido la cuenta.
El promedio de edad de los alumnos del último año era de 17 años. Cococho tenía 25. Algo insólito, pero podía suceder.
-¿Qué pasa con Cococho? Es viejo, pero es buen tipo – indicó el Pica.
-Vamos a casarlo- expresó Nicolás. –Es el único con edad creíble para casarse- continuó.
Nadie habló. El silencio fue total. Después de varios segundos, se miraron entre ellos con gestos de aprobación. Asentían con la cabeza, pensativos.
-¿Con quién lo casamos? – preguntó Juan.
- Que se yo. Hay que inventar una novia – remató Nicolás.
La idea les gustó a todos. Ahora, debían establecer la estrategia a seguir.
La boda estaba en marcha. Cococho se casaba.
Con la ironía que lo caracteriza, Hipólito dijo – Che, alguno que le avise a Cococho. No nos olvidemos-
La carcajada se sintió fuerte dentro del kiosco. Estaban felices. No tenían de qué preocuparse. Ya tenían un motivo para reunirse. Un objetivo que cumplir.
Trazaron el plan. Primero debían convencer a Cococho. Luego esparcirían la noticia en la escuela y observarían la reacción.
En el primer timbre, lo apartaron y le explicaron. No entendía nada. Les costó tres días convencerlo. Cococho no se caracterizaba por ser muy despierto. Necesitó que le repitan las cosas varias veces para entender. Finalmente, aceptó.
El siguiente paso fue desparramar la noticia entre los alumnos y luego informar a cada uno de los docentes sobre la novedad.
Cococho siempre fue vago. No le gustaba estudiar, pero era una persona querida. Los profesores recibieron con agrado la noticia y comenzaron a tener ciertos favoritismos hacia él. Se ablandaron un poco. Esto resultó fundamental, ya que Cococho tenía que dejar de asistir a clases para ocuparse de los trámites del casamiento.
Volátil fue el primero que notó el cambio de actitud de los docentes. Estaba todo dado para avanzar con la operación. El plan se puso en marcha. No había vuelta atrás.
Como parte de lo acordado, Cococho explicó a las autoridades que su familia no se encontraba en condiciones de ayudarlo, por lo tanto las únicas personas con las que él contaba, para llevar adelante su boda, eran sus amigos de la escuela. De esta manera, “Los Cinco” pasaron a tener algunos privilegios que les permitían ausentarse, no asistir o retirarse antes de clases.
Crearon una agenda ficticia. Primero fijaron la fecha de casamiento. Luego continuaron con los trámites en el Registro Civil y en la Iglesia; y por último el armado de la fiesta, junto a la planificación de la luna de miel en Santa Rosa de Calamuchita.
Como ninguno se había casado, Volátil le preguntó a un tío suyo cuáles eran los pasos a seguir y de qué manera lo podían ejecutar.
El tío de Volátil contrajo matrimonio en dos oportunidades. Era una voz autorizada.
Debían ser muy cuidadosos y extremar los recaudos. El casamiento de Cococho ocupó la atención de todos los alumnos y directivos del colegio. Incluso del personal no docente. Era la primera vez que un alumno se casaba.
La repercusión que fue tomando la novedad provocó temor en Cococho.
-Todo se está yendo de las manos. Me llaman, se me acercan las maestras, la jefa de portería. Me abrazan, me dan besos. No sé si puedo aguantar esto- les expresó a los amigos en el kiosco de la “Tía”.
-Quédate tranquilo. A partir de mañana, dejas de venir a la escuela. Nosotros te cubrimos y te vamos manteniendo al tanto de todo. Seguimos a fondo con el plan. No hay cambios- señaló Hipólito.
Cococho no tenía opción. Asintió con la cabeza. El proyecto continuaba hasta el final.

Fueron a la imprenta de un amigo del Pica Jiménez. Encargaron las tarjetas del casamiento. A la semana estaban listas. Pagaron y se las llevaron. Las repartieron a todos los docentes del curso y a las porteras.
Cada acción que realizaban era el argumento que necesitaban para no ir a clases. Pero ante algunas reacciones imprevistas que sucedían, tenían que improvisar.
La primera sorpresa fue cuando recibieron regalos para Cococho. Jamás pensaron que esto podía generar tanto revuelo y menos que alguien compre un presente.
Pero el desconcierto mayor ocurrió cuando varias docentes, incluida Juana, la jefa de las porteras, manifestaron la intención de ir al Registro Civil para acompañar a los novios. Quedaron descolocados.
Ese día no se reunieron en lo de la “Tía”, tenían miedo que al estar el kiosco ubicado frente a la escuela, pueda aparecer algún conocido y los viera discutiendo allí. Fueron a otro bar cercano. Reinaba el nerviosismo. Debían evitar que alguien asistiera al Civil. No podían simular esa situación. Era mucho para ellos. Tenían que pensar en un argumento para que nadie vaya.
Cococho comenzó a ponerse nervioso. Hacía tiempo que no iba a la escuela y tenía miedo que lo echen o que no le aprueben las materias. Para “Los Cinco”, Cococho era el menor de los problemas.
Juan, el más dramático y sensible del grupo, elaboró una historia conmovedora de la familia de Cococho, a raíz de un accidente que sufrieron cuando él era niño y de los constantes problemas que tuvieron y aún tienen con la justicia. El trágico evento causó estragos en cada uno de los miembros de la familia que arrastran hasta el día de hoy.


Esta es la aclaración que brindaron, sin entrar en detalles, para explicar el motivo por el cual el casamiento sería íntimo. Solamente asistiría la familia directa del novio y de la novia. Los únicos invitados fuera de este pequeño grupo eran los cinco amigos que se ocuparon de todo.
El relato caló hondo en las docentes. Se sensibilizaron y solidarizaron con Cococho.
El día del casamiento ficticio, Volátil, Hipólito, el Pica, Nicolás y Juan se presentaron en la escuela vestidos con sacos y corbatas de dudosa combinación. Dieron el presente y se fueron al Registro Civil con los augurios y deseos de felicidad de todo el cuerpo docente y el resto de los alumnos, que los despedían gritando ¡Fuerza Cococho! ¡Vammoosss carajo!
Había mucha emoción.
“Los Cinco” continuaron con el objetivo trazado, logrando estirar la mentira hasta casi el fin del ciclo lectivo cuando Cococho regresó de su luna de miel en Santa Rosa de Calamuchita. Faltaban dos semanas para la finalización de clases. Los docentes le aprobaron todas las materias al recién casado. Finalizó la escuela después de muchos años.
El plan salió perfecto. “Los Cinco” lograron su cometido.
Se recibieron. Nunca más se volvieron a ver.
Cada uno siguió su camino.
Cococho dejó de ser un eterno repetidor. Ahora, era un graduado.

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